Entonces descubrà con horror dos cosas: la primera, y que más me atormentó, es que hasta ese momento yo no habÃa dibujado nada; y la segunda, que requerÃa de ciertas armas para ser preciso.
Ante el poema Llave de Joan Brossa uno descubre que el lenguaje no es una llave mágica con propiedades sobrenaturales que abre cualquier cerradura, sino que es capaz de generar todos los códigos necesarios e innecesarios para entrar o salir de cuantas estancias se quiera, porque tan importante es el mensaje como la construcción de ese proceso que se genera.
La poesÃa visual, el poema objeto y el libro objeto, el net.art, el arte postal y todas aquellas manifestaciones artÃsticas que han surgido en esta lÃnea, ponen de manifiesto la importancia en el arte del proceso, de la elaboración, de la generación de redes de significado que se alimentan unas de otras y que enriquecen nuestra percepción; al mismo tiempo que evidencian las carencias actuales de una sociedad que valora los medios en función del resultado obtenido.
Un poema visual no es una mirilla, tampoco una cerradura, ni la llave que encajará en la puerta, porque tanto la mirilla, como la cerradura o la llave están en el poema visual a la vista de todos; lo que otorga a este tipo de manifestación artÃstica gran libertad de movimiento, de expresión, de manipulación, de crÃtica y de autocrÃtica.
Y con las claves que nos descubre la poesÃa visual uno puede ser preciso si asà lo desea, dibujar elefantes de largas trompas, rastrear las vocales de un caracol, catalogar los diferentes sonidos de las bocinas de los coches o construir mesas camilla, levantarles las faldas y prenderles fuego.
Despojada de cualquier clase de retórica formal, su narración conceptual ,constructiva y lÃrica al mismo tiempo, crea espacios para el recogimiento, para la meditación, para la lentitud como profundidad de la mirada ahondando en el ser de las cosas. Insólita esta actitud de trascendencia en medio de un siglo XXI pleno de tempestades y feria de vanidades.